Concierto extraordinario de Reyes. Toledo

Nereydas mantiene firme su apuesta por la música total

El conjunto de música antigua, dirigido por el toledano Javier Ulises Illán, ofreció en el Teatro de Rojas el Concierto Extraordinario de Reyes. El repertorio destacó por su carácter abierto y didáctico

La Tribuna de Toledo viernes, 3 de enero de 2020

Cualquier concierto de Nereydas, el conjunto de música antigua encabezado por el director, investigador y violinista toledano Javier Ulises Illán, va mucho más allá de un simple repertorio. Sus actuaciones en espacios tan representativos como la Catedral, San Pedro Mártir o el Museo del Greco son auténticos paseos guiados, recorridos por un patrimonio -a menudo poco accesible- que no cualquier grupo de música antigua está dispuesto a convertir en una experiencia didáctica de primer nivel. Su actuación ayer en el Teatro de Rojas, durante el Concierto Extraordinario de Reyes, no fue una excepción. La velada incluyó música, pero también literatura, guiños a la arquitectura, a la pintura y a la gastronomía. Los componentes de Nereydas rindieron homenaje a tres representantes culturales toledanos fallecidos el año pasado -poseedores, además, de tres personalidades igualmente versátiles-, como fueron Juan Sánchez Sánchez, Santiago Palomero y Patxi Andión. Hubo participación de espontáneos con regalo de batutas y también un guiño a los nuevos públicos del siglo XXI mediante toda una sorpresa, ya que el repertorio no se conoció hasta el momento del concierto: un arreglo sobre la melodía inicial de la serie de televisión Juego de Tronos, obra del compositor Ramin Djawadi.

«En un concierto como este -explicó a La Tribuna el propio Illán antes de la actuación- es muy importante romper expectativas. Un concierto navideño de un grupo especializado en música barroca, con instrumentos antiguos, también puede sorprender». Por otra parte, añadió, Juego de Tronos «responde a una épica de nuestros días: ¿por qué no interpretarlo a continuación de un aria sobre Cleopatra, que encarnaba algo semejante hace dos mil años?».

El director toledano planteó un repertorio lleno de matices, donde lo sensorial, lo lúdico e incluso lo técnico fueron puestos al servicio de un público tan participativo como numeroso. El concierto se abrió con la obertura de La Senna Festeggiante (1726), de Antonio Vivaldi, «muy festiva, centelleante, un canto a la vida» que se repitió en varias ocasiones a lo largo de la velada. «Dicen que solo se ama lo que se conoce. Por ese motivo -continuó el director-, mi intención era que el público terminase amando la pieza de verdad, por mucho que este tipo de repeticiones no suelan hacerse».

Nereydas mantiene firme su apuesta por la música total – Foto: Yolanda Redondo

Posteriormente, tras piezas de Hasse, Vivaldi y Bach, llegó el turno de Jan Dismas Zelenka y del Benedictus de su Missa Votiva (1739). Javier Ulises Illán se valió de esta obra para explicar «cómo se construye la música», despojándola de instrumentos, uno a uno, «hasta dejar su estructura desnuda ante nuestros oídos». Y sobre esa misma base comenzó a desarrollarse la siguiente propuesta, la conocidísima aria de la Suite número 3 en Re Mayor (hacia 1720) de Johann Sebastian Bach.

Otra de las piezas más comentadas fue el aria de Cleopatra (Piangerò la sorte mia) de la ópera Giulio Cesare in Egitto, de Georg Friedrich Händel. «Esta obra nos permite trasladar al espectador cómo se construían los afectos en la ópera del siglo XVIII. Cleopatra dice aquí que llorará por la ausencia de Julio César, y que su espíritu llenará de temor a los culpables después de su muerte. El pianto de la primera parte, creado mediante encabalgamientos de suspiros, muy suaves, casi deja ver las lágrimas; por el contrario, el enfado de la reina se desata en medio de un fortissimo a partir de palabras consonánticas, mediante sonidos que llegan a alcanzar lo tenebroso».

El concierto se completó con la chacona de La reina de las hadas (1692), de Purcell, «que nos permite explicar que las danzas -entre ellas el ejemplo español de la chacona, aunque en este caso ofrecida por un compositor inglés- son un eje fundamental de la música barroca», y con las seguidillas y fandango de Vendado es amor, no es ciego (1744), «donde, además de encontrarnos con un compositor español, como José de Nebra, la soprano Sandra Ferró le da un toque festivo con las castañuelas».

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